Con Dramas y Cine Corea conquista al Mundo

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 Debido a un nuevo estreno del cine coreano en Argentina, Infobae realiza una nota sobre la cultura del país asiático. El éxito de «Invasión Zombie« o su título original «Train to Busan«, abrió una puerta para el entretenimiento coreano en el cine local.

Otra película surcoreana se estrena en Argentina

Hay varias maneras de acercarse a En presencia del diablo, un estreno de esta semana en el cine argentino. La primera, la más simple, es viéndola como una eficaz cinta de terror. Es un híbrido de los subgéneros asesino serial y niña poseída (Memories of murder + El Exorcista). Es una película que tarda en arrancar y puede ser algo larga (156 minutos). Aun así, mantiene el suspenso hasta el último minuto y funciona como pocos policiales lo han hecho en los últimos años.

entretenimiento coreano

Otra es verla desde una óptica de autor: se trata de la tercera película de Hong Jing Na.  Él se había convertido en una de las mayores promesas del cine surcoreano. Sus dos inquietantes y violentas primeras películas: The Yellow Sea y The Caser, de la que Scorsese planeaba filmar una remake. Este es su largometraje más ambicioso y con mayor atractivo comercial, dió el gran salto con estreno en Cannes incluido. Además dominó la taquilla local por varias semanas.

La manera más interesante para acercarse a esta película, es verla como un producto de la imparable maquinaria cultural surcoreana. En las últimas dos décadas no sólo ha logrado sobrepasar a Japón como la mayor potencia exportadora de cultura asiática. Sino que ha convertido a la industria del entretenimiento, en una de sus mayores generadoras de divisas. Se convirtió en un engranaje clave en el posicionamiento de Corea del Sur como potencia que utiliza todo su poder (blando) para reclamar su lugar en la mesa de grandes actores mundiales.

La industria del entretenimiento coreano

Para entender mejor el crucial rol de las industrias culturales en la política surcoreana de hoy, es necesario repasar los sucesos históricos que forjaron el país. Esto es mirar en las décadas siguientes a la ocupación japonesa y la guerra de Corea en los años 50. Luego del enfrentamiento bélico entre las Coreas del Sur y del Norte, una suerte de guerra proxy entre los Estados Unidos y la Unión Soviética en los albores de la Guerra Fría que devastó el país. La reconstrucción surcoreana demandó décadas de esfuerzo colectivo y planeamiento estatal. En aras de un futuro mejor que sus ciudadanos sabrían que no llegaría de la noche a la mañana.

Cuando finalmente el llamado «milagro económico» se produjo, apoyándose primordialmente en una inversión inédita en educación que se tradujo en industrias tecnológicas altamente sofisticadas que exportan bienes a todo el mundo (Samsung, Hyundai, etc).  El alto nivel de orgullo nacional convertiría a los surcoreanos, tal vez más que en cualquier otro país, en sujetos ideales para consumir los productos culturales de su propio país. Además de contar con creadores altamente idiosincráticos y originales.

Si bien el éxito de los distintos sectores culturales no ha sido homogéneo a través del tiempo. El cine surcoreano vivió una era dorada entre los ’50 y ’60. El k-pop y las telenovelas son un fenómeno relativamente nuevo. A finales de los años 90, y con el objetivo de contrarrestar los efectos de la crisis financiera asiática, el gobierno surcoreano inició un programa de financiación de las industrias culturales a escala masiva. Con el objetivo de que la penetración de la cultura coreana fuese la antesala de la conquista de otros mercados y ámbitos de alta diplomacia.

El fenómeno cultural en Argentina

Jang Jinsang es consejero cultural de la Embajada de la República de Corea y director del Centro Cultural coreano en Argentina. Se lo explicó a Infobae de esta manera: «Este boom en Asia es conocido como hallyu, que significa ‘ola coreana’. A este fenómeno se lo puede explicar de varias maneras, pero lo que más debe resaltarse es el trabajo y la proyección a largo plazo.

A principios de la década, Corea del Sur comenzó a sentar las bases de su industria cultural. Tiempo antes lo venía haciendo con el cine, pero desde entonces replicó eso a otras disciplinas de la cultura. Corea invirtió mucho dinero y esfuerzo para poder desarrollar una industria, la cultural. Esto lo hizo sin buscar beneficios inmediatos, sino de mediano a largo plazo. Lo que hoy se vive como un ‘boom’ es el fruto de décadas de trabajo y políticas culturales de apoyo, promoción y difusión de nuestra cultura».

Inversiones a largo plazo empiezan a mostrar sus frutos

Además del importante apoyo estatal, los propios chaebols, los conglomerados empresariales familiares que conforman casi el 80% del PBI de la economía surcoreana. Estos comenzaron a incursionar en la industria del entretenimiento financiando películas. Sino también siendo los dueños de las propias cadenas de cine que las exhiben (el caso del gigante de la alimentación Lotte con Siete primeros Besos).

Si bien la prensa internacional ha dedicado más tiempo a analizar el éxito de otros productos culturales coreanos. Ya sea por su extravagancia (el k-pop) o por su impacto popular (los melodramas televisivos), la apuesta por la cinematografía local también fue un éxito rotundo. No solo Corea del Sur cuenta con algunos de los autores más prestigiosos del circuito de festivales. Además que internamente, la cuota de mercado del cine nacional -54% en el 2016- está por encima de la correspondiente a Hollywood (uno de los pocos países donde esto ocurre). El promedio de concurrencia al cine por ciudadano es de 4 veces al año, uno de los más altos del mundo.

La pionera: Invasión Zombie

Además, sus éxitos locales también comienzan a serlo en otras latitudes del mundo. No hay que irse muy lejos para encontrar un ejemplo de este escenario: cuando en enero se estrenó en nuestros cines Invasión zombie, las expectativas eran modestas. Pero la película tendría una carrera comercial asombrosa, debutando en el tercer puesto de la taquilla Argentina. Incluso por delante de Aliados, una superproducción con Brad Pitt y un total de 130 mil espectadores al bajar de cartel.

¿La consecuencia? La misma distribuidora se anima ahora a presentar En presencia del diablo, buscando repetir la suerte de su éxito veraniego.

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Intentando ser cool

El éxito de las industrias culturales surcoreanas no pasó desapercibido entre sus vecinos asiáticos, especialmente aquellos con pretensiones imperiales: China. Un reciente artículo titulado «¿Por qué China es tan poco cool?«, publicado en la revista Foreign Policy. Ahí se afirmaba que las consecuencias de no ser percibido como culturalmente moderno podrían ser catastróficas para un país. Poniendo el ejemplo del gigante comunista, y argumentando que una de las razones por las cuales China todavía no está lista para tomar el lugar de Estados Unidos como la primer potencia mundial.

Esto se debe a que su cultura todavía es considerada antigua. Aún no ha logrado ningún tipo de penetración mundial, haciendo a la propia nación menos relevante e influyente.

 

China también quiere hacer lo mismo

Buscando aprovechar la postura aislacionista de Trump con respecto a migración y comercio, China ha decidido seguir el modelo surcoreano. Para eso debe expandir su influencia cultural aumentando los subsidios al entretenimiento. Además alentar a sus grandes estudios de cine a producir películas en conjunto con USA. Como resultado, están utilizando estrellas de Hollywood para contar historias épicas y de fantasía que se desarrollen en territorio chino. Como la recientemente estrenada La gran muralla (Matt Damon) es la primera de una serie de películas bajo ese modelo.

Pero no se tratará de una misión fácil: va más allá de las barreras idiomáticas y culturales. El contenido de los productos chinos desarrollados con auspicio estatal suelen tener la fuerte impronta de propaganda (incluyendo censura). Además no reflejan las vivencias de la vida moderna de las democracias occidentales a las que aspiran conquistar. Liberar el arte para lograr el triunfo de su sistema autoritario, ese parece ser la contradictoria consigna de las autoridades chinas.

Fuente: Infobae

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